Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

jueves, 7 de junio de 2012

Crónica: Extrememan Salou 2012

A Salou llegaba bien de ánimos pero algo inseguro por como ha marchado la temporada y los entrenos. Al final todo salió mejor de lo que me esperaba. Ya tengo otro triatlón distáncia Ironman al bolsillo, y este era de los duros. Ahí va la crónica.

Natación
6:30 de la mañana, al amanecer. 400 triatletas dispuestos en la salida, a punto para saltar al Mediterráneo tras los tres cañonazos de rigor. Nervios a flor de piel y neopreno de gallina. Sensaciones que se pasan ipso facto nada más poner el pie en el agua y caminar los 25 metros de arena hasta que la profundidad hacia viable poder nadar. Por delante dos vueltas con salida a tierra. Una con 1500 metros, la otra de 2300. Busco los huecos por donde poder nadar más cómodo y la verdad es que no sufro demasiados golpes. Nado tranquilo y pensando en como plantear la carrera, sin prisas y ligero, sin ponerme nervioso en el tramo que peor llevo. Miro el reloj al salir de los 1500 metros y veo 27 minutos. Demasiado rápido para mi parecer. La segundo vuelta es más larga, pero voy cogiendo buenos pies y nadando cómodo a rebufo.

El mar no estaba muy movido, y la corriente ayudaba cuando se nadaba dirección a tierra. En mis mejores cálculos entraba poder acabar el segmento en 1:15 - 1:20 pero cuando me veo transicionando en 1:06 intuyo que algo no va bien. Todo el mundo alrededor mio en boxes presumía de su tiempazo. Seamos honestos. Todo el mundo más o menos sabe cuánto tarda en cubrir 3800 m. nadando. No hay vuelta de hoja. Si hacéis un promedo de 20 minutos menos de lo que estáis acostumbrados la lógica dice que está mal medido. Calculo que unos 500 metros de menos. Xavi Llobet fue el primero en la natación con 39 minutos, a 1:02 el 100... Lo peor de todo es que el año pasado ya pasó algo parecido. Y lo digo yo, que soy pez de plomo.

Ciclismo
No pierdo mucho en la transición. La he estado visionando mientras nadaba y voy al grano. Me pongo un mallot de ciclismo simplemente porque veía nubarrones en el horizonte y sus bolsillos me permitían guardarme un chubasquero. No tardó mucho en hacerme falta. Antes de haber cubierto los primeros 10 km ya había empezado a descargar agua bastante fuerte y era la envidia de los ciclistas que me veían protegido, aunque solo parcialmente, de la lluvia.

El tramo de ciclismo es el más duro. En total hay acumulados unos 2800 metros de desnivel en 180 km, apenas hay llano. O se sube o se baja, aquí lo podéis comprobar. Antes de llegar al ascenso del primer puerto ya paró de llover. Se llega al pie de La Mussara con casi 400 metros de desnivel acumulado y otros 600 más en los próximos 10 km. Como es el primero aún la mente va fresca.

Iba con la ventaja de haber hecho el circuito tres semanas antes, así que lo tenía visualizado y sabía de su dureza para poder ir mesurando las fuerzas. Bebo en abundancia, como barritas, algún gel, isotónico. Cada 30 minutos entraba una u otra cosa y no pasé necesidad, ni flojera ni nada. Unas 200-300 calorias por hora.

Me noto bien en la bici, sin sufrir en exceso y pese a dosificar voy avanzando a cuentagotas a algunos participantes. El balance era positivo, más adelantados que adelantadores. En La Vilella me encuentro con Emili y Rosa, compañeros de club, animando y haciendo fotos, un buen aporte moral para afrontar lo que queda hasta el punto kilométrico y psicológico situado en el habituallamiento del km 100 tras coronar el Coll de La Figuera. Parada técnica para vaciar vejiga y a seguir, ahora relajado y de bajada.

A falta de 60 kilómetros noto un subidón en las piernas y en el ánimo. Aún queda mucho pero empiezo a meterle más caña de la prevista. Voy pidiendo carta a ver si hay suerte, y la tengo. Subo bastante clavado a la temida tachuela de Gratallops, con un largo km al 8%. Después solo dos más, a Falset dando el fuá y de nuevo la expedición de animadores del Gavà Triatló haciendo de claca. Grandes. Me cantan que vamos un grupete del club bastante juntos, así que me animo a ver si cojo a alguien. Pero fue que no...

Aún así ya solo me quedan 50 kilómetros, solo un puerto, Coll Roig de unos 7 km al 5% y el resto, los últimos 30, con tendencia a bajar. De vez en cuando, uno de los jueces que fue compañero de club, Pau, pasa con la moto y siempre tiene una palabra de ánimo. 

Soy consciente de lo que tengo por delante y no voy acusando el cansancio, al contrario, estoy envalentonado al ir atrapando de tanto en tanto, algún ciclista. Sé que después de Collo Roig todo es bajada y llaneo. Corono el último puerto en 6 horas justas y preveo que me queda poco más de una para ponerme a correr y así fue.

Bajada vertiginosa hasta Montroig y de ahí llaneando acoplado con una buena y cómoda cadencia. Fue la parte más aburrida del recorrido.
El sol, que tímidamente se había asomado en su lucha con la humedad constante en el sector ciclista ahora empezaba a ganar protagonismo.

Carrera
Llego a boxes, animado por mucha gente. En menos de 2 minutos ya estaba con un maratón por delante. Veo a mi novia, mi abuela, mis padres y mis suegros ahí y esa es una alegría suprema. Empiezo cómodo, sin apenas notar los 180 km de bici. Cuatro vueltas por delante a un circuito que iba de una a otra punta del paseo marítimo. El sol y la humedad empezaban a molestar y lo sofoco tirándome agua por encima en cada avituallamiento.

Durante todo el tramo de carrera de lo único que me nutro es de cola, agua y trozos de naranja, hasta que se acabaron en el km 30. Tengo la experiencia de la descomposición estomacal de Zurich y la verdad es que pese al Fortasec de primera hora de la mañana no quería volver a repetirla. Esta manera de aportar calorias  e hidratarme me producía muchos gases, pequeñas molestias que no tardaban en ser expulsadas. Además, noto chutes de cafeina que me hacen mantener un buen ritmo, un minisubidón entre avituallamiento y avituallamiento.  En ellos aprovecho para andar un poco, coger oxígeno y afrontar el siguiente tramo hasta el próximo punto.

El ritmo es constante pero decreciente. Hasta la primera mitad logro mantenerlo a 5:30 pero la fatiga se va acumulando. No hay dolor ni sufrimiento excesivo pero muscularmente voy fatigado y hay zancadas en que los músculos no responden favorablemente. 

Me pongo la última pulsera, solo 12 km por delante y ahora todo son pensamientos positivos, hacia mi mismo y hacia los compañeros de club con los que me cruzaba, siempre una mirada, una palabra de ánimo, un choque de manos y cada uno con su calvario. Esta última vuelta se hace dura y el ritmo desciende, sobretodo al pensar en la subidita que había hacia el final de cada vuelta, no muy pronunciada pero en según que condiciones eso era un pequeño Angliru para cualquiera. Al final la cosa se estabiliza en 5:55 el km y los minutos caian en el crono mucho más rápido de lo que mi percepción intuía.

Los últimos dos kilómetros dicen que no se notan y se hacen solos. En mi caso no fue hasta recibir el último avituallamiento y automotivación finales. Estado zombi con mirada perdida al fondo y recibiendo las felicitaciones de mucha gente y voluntarios al verme pasar con la pulsera que marca el final de mi Ironman. 

Llego a la moqueta que daba acceso al arco de finisher y esta vez si que quería salir en la foto de una manera decente. Buscaba la mirada de mi familia, ellos estaban más contentos que yo. Me lo había ganado y me emocionó mucho compartir esa alegría con ellos. O ellos conmigo. 12 horas y 34 minutos para enmarcar.

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Ha sido un IM muy duro que pude completar pese a las dudas sobre mis entrenos. Acabo muy contento, satisfecho con mi faena y de no haber dejado nada en el tintero. Ojalá todos los que tengan que llegar lo hagan teniendo las mismas sensaciones, aunque entrenaré duro para que puedan ser mejores.

 
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