Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

domingo, 18 de octubre de 2015

Crónica: Marxa Bonesvalls 2015 y fotos

Hacía mucho, pero que mucho tiempo que no escribía una crónica en este blog. Y es que mi sequía competitiva se ha alargado demasiados meses pero como ya he ido adelantando por aquí, uno va volviendo al redil de los entrenamientos y eso, tarde o temprano, se acaba traduciendo en artículos como el que sigue.

La gran suerte, el privilegio y la alegría de este en concreto es compartirla con Lydia. Ella es la que tiene todo el mérito porque nunca había participado en una prueba de este nivel, tan dura para ella. Y orgullo es una palabra pequeña para definir lo que he sentido cuando hemos cruzado la meta juntos y de la mano.

Para los que solemos hacer deporte no es nuevo el hecho de saber que durante 14 kilómetros de competición los participantes pasamos por multitud de estados emocionales y físicos. Es una montaña rusa de sensaciones que van desde el nerviosismo a la ilusión, el sufrimiento, el dolor, el cansancio o la frustración. Todo eso acaba mezclándose en un cóctel que solo se entiende tras la satisfacción que se siente al cruzar la línea de meta cuando ese es el único objetivo al que se aspira.

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Madrugón, desayuno y para Olesa de Bonesvalls a recoger dorsales. Matamos el tiempo antes de empezar saludando amigos, caras conocidas y charlando con unos y otros, no pensaba que nos íbamos a encontrar a tanta gente.

Dan la salida y empezamos a trotar suave. Ya que Lydia nunca había participado en algo de tanta distancia la intención era correr lo que se pueda y caminar lo demás. Haciendo lo primero vamos un par de kilómetros hasta que vienen las primeras subidas, que es cuando empezamos a caminar. Aprovechamos los descansillos y las bajadas para trotar.

El Puig de La Mola
Llegamos a los pies del Puig de La Mola, la principal dificultad del día. Muy buena subida y mejores vistas panorámicas de todo el Parque Natural del Garraf y las poblaciones que lo rodean con el mar al fondo. Llegamos arriba a ritmo de tambores y cajas, bien por los voluntarios. Nos sacamos la foto de rigor y seguimos avanzando por una bajada bastante técnica en la que había que ir con mil ojos. Era una lástima porque de tanto mirar al suelo nos perdíamos muchas cosas del paisaje.

En la cima de El Puig de La Mola
Durante la bajada hay una caída de Lydia, que se da un golpe en la rodilla pero al rato se le pasa. Al llegar abajo hay un tramo bastante plano y ancho ideal para correr. Hay un árbol ahí al que no se le ocurre otra cosa que sacar una raíz al aire y va Lydia y otra vez igual, en la misma rodilla. Aún así, la campeona aguanta y vamos al trote y al paso ligero hasta el segundo y último avituallamiento.


Reponemos fuerzas lo mejor que podemos y afrontamos los últimos 4 kilómetros, al ritmo que dejan las piernas y el estado de ánimo. La distancia que queda ya es lo de menos y el factor psicológico de ser una a la que ya estamos acostumbrados a entrenar juntos ayuda en el peor momento de toda la prueba.

Cuando de nuevo vemos al fondo Olesa de Bonesvalls damos un empujón al cuerpo. Salimos de la riera de Begues y encaramos el último kilómetro hacia la meta. Cuando la vemos al fondo ya no hay dolor. Nos damos la mano y entramos, Lydia feliz por haber acabado su particular calvario y yo, orgulloso de lo que ha hecho.

Ella dice que sí, que será la última y que ya no le engañaré más... No se lo digáis, pero ella intuye que no será como ella piensa.

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Una competición muy bonita, con voluntarios entregados y buena organización. Bien de precio y muy buenas les botifarres amb seques i pa amb tomàquet del final.

Como colofón decir que a Lydia le ha tocado en un sorteo una braga buff, muy chula.





 
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